Según cálculos de la Unión Europea, en 2020 los teléfonos inteligentes y las tabletas consumieron 36,1 teravatios-hora de energía primaria, que es la energía disponible en la naturaleza antes de ser convertida o transformada. La cifra incluye todas las fases de su ciclo de vida (fabricación, uso, reciclaje…) y equivale, por ejemplo, al 85% del consumo total de energía de un país como Portugal en un año.

Y si no se toman medidas, la previsión es que este consumo siga aumentando hasta alcanzar los 36,5 teravatios-hora de energía primaria en 2030. De ahí que la Unión Europea haya aprobado una normativa para favorecer la economía circular e incentivar la fabricación de dispositivos más duraderos y reparables. Con ella, estima que se limitará el consumo de energía en 2030 a 23,3 teravatios-hora, lo que significa un ahorro del 35%.

Por eso, a partir de hoy 20 de junio, al comprar un smartphone o una tableta veremos una etiqueta muy similar a la que ya llevan los electrodomésticos y otros dispositivos tecnológicos. Con ella, se informa de su consumo energético y otras variables relacionadas con sus características. ¿Qué significan los distintos elementos que incluye esta etiqueta?

Lo primero que encontramos empezando por la parte superior es un código QR que da acceso a la página de información de ese dispositivo en el Registro Europeo de Productos para el Etiquetado Energético (EPREL), junto con la marca y el modelo exacto.