A tenor de las fotografías captadas por los satélites, la parte central de las instalaciones de Fordow, uno de los complejos clave del programa nuclear iraní, no ha sufrido grandes cambios en los últimos 20 años. Situada a un centenar de kilómetros al suroeste de Teherán, junto a la ciudad sagrada de Qom, Fordow encierra tras un perímetro vallado una de las joyas mejor preservadas de la maquinaria de enriquecimiento de uranio iraní, objetivo prioritario de la actual campaña militar de Israel. Según la información de inteligencia israelí, Fordow esconde sus centrifugadoras a unos 80 metros bajo tierra. Y solo hay un arma capaz de penetrar a tal profundidad con fuerza para hacer daño. Pesa más de 13.000 kilogramos, está en poder de Estados Unidos y responde al nombre de GBU-57.
Hasta la fecha, el Gobierno de Benjamín Netanyahu ha expresado como principal objetivo en su ofensiva contra Irán destruir el programa nuclear, aunque en segundo término también ha mencionado el deseo de acabar con el régimen que lo sostiene. Según la información facilitada por el ejército israelí y corroborada por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), los misiles han alcanzado instalaciones como las de Natanz, fuertemente dañada, Isfahán o Arak, pero también la planta de enriquecimiento de combustible (uranio) de Fordow, aunque el impacto, en este caso, no es apreciable.











