Una familia que teme por la vida de su ser querido, una llamada y mucho estrés. Los casos de secuestro suelen comenzar con altísimas dosis de ansiedad. Sin embargo, para resolverlos con éxito, los expertos policiales requieren espíritu sereno y pensamiento frío. “Desde el primer momento, el tiempo va en tu contra. Todo el mundo quiere ayudar y saber, y hay que mantener la calma y el control”, relata la inspectora Ana, responsable de uno de los grupos de la Policía Nacional especializado en estos casos. Un exceso de precipitación puede acabar con el secuestrado muerto, o que haya un accidente y quede herido. Y la familia, subraya la inspectora, lo pasa muy mal.
El “teléfono 24 horas” de la sección de secuestros y extorsiones de este cuerpo policial, que se turna un grupo cada semana, suena cada vez que se abre un caso nuevo. Al entrar en la oficina de este grupo de investigadores, en el complejo policial de Canillas, en Madrid, llama la atención su “muro de la fama”, como lo define el agente Borja, el más veterano. Bajo diferentes carteles con el nombre de cada operación —Oportuna, Soccer, Covi— han dispuesto unas 20 fotografías que pueden resumir los mejores y peores momentos de sus últimos casos: la emoción por haber liberado a un secuestrado de 70 años que pasó 23 días detenido en la Costa del Sol, la tortura que sufrió otra víctima a la que vaciaron cargadores de balas junto al oído para dejarle sordo, o detalles de otras investigaciones por extorsión.






