El arroz mueve al mundo. La mitad de la población global depende de este grano para alimentarse. En el sudeste asiático y África, por ejemplo, aporta hasta el 60% de la ingesta calórica. En Bangladés la cifra alcanza hasta el 70%. Su versatilidad en la cocina lo hace un elemento esencial en millones de mesas que hoy tienen un respiro tras años de constantes subidas. Los precios internacionales han comenzado a ceder, impulsados por una mejoría en la oferta global, cosechas abundantes en países clave como India, Tailandia y Vietnam, y una reducción de las restricciones comerciales que distorsionaban el mercado.

El arroz tailandés, de referencia, por ejemplo, se cotiza en torno a los 400 dólares por tonelada, muy por debajo de los picos registrados en 2023 cuando la cotización alcanzó niveles históricos. “Los precios internacionales eran excepcionalmente altos. Aunque empezaron a disminuir a lo largo de 2024”, comenta Shirley Mustafa, economista de la Dirección de Mercados y Comercio de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). De acuerdo con el índice de precios de todos los tipos de arroz, en marzo de este año los precios estaban en su punto más bajo desde junio de 2022. Aunque seguían por encima de los niveles de antes de la pandemia (abril de 2020). Varios factores han intervenido en este descenso, pero principalmente ha sido uno el que mayor efecto ha tenido: el fin de las restricciones de exportación de la India que controla un 40% del mercado.