En el centro de salud del barrio de Zabalgana, en Vitoria, como en el resto de ambulatorios de España, recetan cada día ibuprofeno, omeprazol o lorazepam, entre otros muchos medicamentos. Pero no solo. En este ambulatorio, los médicos prescriben también una receta algo heterodoxa: es una receta para ir al centro cívico del barrio. Como dicen ahora los jóvenes: literalmente. La receta no es una prescripción oficial al uso, pero se expide en papel, está personalizada para cada paciente y va encabezada con el título “Tu centro de salud te receta centro cívico”. En la receta se especifica el área que se recomienda al paciente: ejercicio físico, talleres sobre alimentación, cursos de bienestar emocional, actividades culturales o socializar con otros vecinos.

En el centro cívico, una trabajadora de la sala de encuentro recibe a los pacientes que llegan con la receta en la mano, se sientan en el llamado “punto de bienestar” y acuerdan cuál es la actividad más indicada para su estado. Por esta iniciativa que se puso en marcha hace dos años —y a la que se ha sumado un segundo centro cívico en la ciudad, el de Salburua— han pasado 150 pacientes y otro centenar han acudido directamente a actividades del centro cívico recomendadas por los sanitarios de su ambulatorio. El programa Receta Centro Cívico ha sido elegido recientemente finalista en los Premios Europeos a la Innovación en Política, que se entregarán en septiembre en Viena.