“Mi madre tenía alzhéimer avanzado. Ya no nos reconocía y parecía indiferente a esos extraños que la visitaban una o dos veces por semana. El día antes de su fallecimiento, sin embargo, todo cambió. No solo nos reconoció, sino que quiso saber qué nos había pasado a cada uno en el último año”. El testimonio de una mujer alemana, recogido en 2019 por Alexander Batthyány, director del Instituto Viktor Frankl en Viena, muestra un caso de lo que se ha bautizado como lucidez terminal, un breve retorno del yo en personas que parecían haber desaparecido mucho tiempo antes por culpa de lesiones cerebrales o alzhéimer.
En su libro El Umbral (Errata Naturae), recientemente publicado en castellano, Batthyány cuenta su investigación sobre este fenómeno poco estudiado, relatando casos de familiares y profesionales sanitarios que asisten a lo que parece una resurrección temporal de alguien que daban por perdido. Según sus estimaciones, hasta un 6% de las personas que parecen haber perdido la consciencia para siempre lo experimentan. En una entrevista con EL PAÍS, el psicólogo defiende el interés de estudiar estos casos para entender su significado. Para él, desafían la concepción actual de que la mente es solo una propiedad emergente del cerebro y que cuando este se daña la consciencia desaparece para siempre.






