Las escuelas catalanas afrontan la recta final del curso con una semana en que el mercurio continuará escalando, superando los 35 ºC en muchos puntos y fregando los 40 en poniente. Adaptar los colegios a estos picos de calor, cada vez más habituales, continúa siendo la gran asignatura pendiente de la Administración. No se sabe con certeza cuántas escuelas están climatizadas, sea el sistema que sea, ya que los ventiladores enviados por la Generalitat (a un limitado porcentaje de centros), se suman los de los ayuntamientos y los comprados por las familias, además los centros con aire acondicionado (básicamente los ubicados en barracones).
Pero hay otros que no disponen de nada de ello y donde es difícil soportar semanas y días especialmente tórridos, como el pasado miércoles, en que el interior y el prelitoral catalán, especialmente en el Vallès, se superaron los 37 grados en muchos municipios, según el Meteocat. En la escuela Bisbat d’Ègara de Terrassa llegaron a registrar hasta 33 y 34 grados en algunas aulas, y no disponen de ventiladores, porque no entraron en los envíos que el Departamento de Educación inició hace tres años, pero les han confirmado que están “en la lista” para los futuros. Para paliar los efectos, bajan persianas, intentan ventilar al máximo y a los más pequeños intentan ponerlos a la sombra y mojarlos con agua. “Aunque son pocas semanas, la situación es preocupante y estresante. Mantener a los niños concentrados es inviable, están más irritados e incómodos”, admite la directora Pepi Alcalde.







