“Los youtubers de Andorra hacen lo que haríamos millones si pudiéramos. ¿Por qué no defender de las garras de los políticos lo que has ganado honradamente?”. La frase es del economista Diego Barceló, uno de los fundadores del Club de los Viernes, una asociación ultraliberal española que acaba de conseguir el momento de mayor relumbrón en sus algo más de diez años de historia, conquistando un espacio en portadas y telediarios que ni de l...

ejos había obtenido nunca. ¿Por qué? Por dos motivos.

El primero, porque nada menos que Javier Milei, una máquina de atraer cámaras, acudió el viernes a Madrid a recibir un premio del Club. El segundo, porque las ideas que defiende la asociación han ocupado tradicionalmente una posición marginal por su radicalismo, por lo que el contraste con la atención atraída ahora es drástico. Esas ideas se resumirían así: el Estado es un “parásito”, “los impuestos son un robo”, la “justicia social” es “cultura de la envidia”, la “desigualdad” es “síntoma” de “progreso”, la “redistribución” es “incautación”. Es decir, el mismo repertorio de Milei, que precisamente está en plena tarea de sacar esas ideas del rincón.

El fenómeno es de ida y vuelta. Por un lado, un avispero de grupos y canales españoles de agitación digital, algunos con trayectoria ultraliberal y otros recién subidos al carro, están aprovechando el tirón de Milei para ponerle altavoz a estas ideas. Al mismo tiempo, el líder argentino está mimando a este movimiento. El resultado es que corren tiempos de inédito lucimiento para el fanatismo anti-Estado en España, un “auge” en el que Enrique Díez, profesor de Educación de la Universidad de León y autor de Pedagogía antifascista (Octaedro, 2025), ve una extensión al terreno económico de la “estrategia de difusión a gran escala de ideas reaccionarias” que ya se produce en otros temas como la inmigración, aprovechando —dice— que “el lugar donde los jóvenes forjan su visión del mundo se está desplazando de la educación formal a las redes sociales”.