El joven influencer es un puente entre el presidente ultra de Argentina y las juventudes que lo acompañan

En las mañanas en que su placard queda entreabierto, Iñaki Gutiérrez (Buenos Aires, 24 años) se despierta en su cama de una plaza y mira dos cabezas en tamaño natural: la de Darth Vader y la de un soldado de asalto del Imperio Galáctico de Star Wars. A su izquierda, cuelga un mapa de la Argentina con el detalle de las ciudades grandes y medianas, una guía indispensable para las campañas electorales; a su derecha, una televisión de plasma. En el generoso mueble con un escritorio, libros de Derecho y Economía —las dos carreras que estudia—, una variedad de souvenirs de Javier Milei y su motosierra, una remera blanca con la última condena judicial a Cristina Fernández de Kirchner, una reproducción de la tobillera electrónica de la expresidenta, una placa de reconocimiento con el nombre Iñaki mal escrito y un paquete de tallarines de una primera marca argentina que ha decidido poner al resguardo del resto de la familia.

Gutiérrez vive con sus padres —una ex secretaria de división de Legales de Telefónica durante 33 años y el dueño de un centro de kinesiología— y sus hermanas mellizas en un departamento en la frontera porteña de Colegiales y Belgrano. Camino a la sesión de fotos en su dormitorio, se encuentra con palos de golf y hockey y con la empleada doméstica vestida con uniforme que plancha en el living de sillones blancos y pisos de pinotea. El tiempo apremia porque debe rendir dos materias de Economía en un cuatrimestre que descuidó los estudios por la campaña electoral en la que Milei tuvo una resonante victoria electoral a nivel nacional y provincial. Cuenta que su madre le ha dado un ultimátum a esas distracciones.