En un mundo incierto algunas certezas, aunque sean banales, ayudan a capear la inseguridad. Por ejemplo el Sónar inaugura el verano y acarrea un calor que en la pista del Village sube aún más grados. El baile multiplica el goce, también el sudor. Suerte que en la primera jornada diurna del festival asistió una cantidad de publico llevadera, que permitió seguir los conciertos sin apreturas, indeseados roces, o no, vertidos de cerveza y empujones. En un contexto así triunfaron Alizzz, que en su escenario cubierto reivindicó Palestina y se posicionó contra KKR, el fondo propietario del festival, y más tarde el clásico Todd Terry, subido a última hora a una programación mutante que parece crecer como un virus.
Sin problemas ni incidentes de ningún tipo, solo un señor demasiado alterado provocó cierto alboroto al comenzar la jornada, pero sólo era un extranjero que no había sabido dosificar la farmacia que llevaba en el bolsillo. El Sónar acabó pronto para él, en manos de la policía. Quizás también para Chano Domínguez y Bronquio, que se quedaron sin tiempo para tocar todos los temas de su pase, una fusión de flamenco, jazz y electrónica con toques progresivos en su homenaje a Paco de Lucía, del que sonó, por supuesto, un breve fragmento de “Ente dos Aguas”.






