Caos, saturación y colapso. Un trabajador del 112 en la Comunidad Valenciana ha declarado ante la jueza que investiga la dana, Nuria Ruiz Tobarra, que el día de la catástrofe que dejó 228 muertos en Valencia, el pasado 29 de octubre, el dispositivo se vio desbordado por un flujo inédito de comunicaciones. “No lo había visto nunca”, ha recordado Joaquín A., empleado de la subcontrata Ilunion.

En su comparecencia este jueves como testigo, una condición que le obliga a decir la verdad y a contestar a todas las partes, el profesional ha relatado que la centralita telefónica registró una incidencia que dificultó la gestión de la inundación. “Se escuchaba la voz propia, o no se escuchaba nada”, ha afirmado. El problema obligó a las víctimas a llamar de nuevo al 112 para reportar las emergencias. “Mi gestión tenía que ser de 165 segundos, pero el volumen de llamadas era muy grande”, ha explicado. El pico alcanzó las 150 comunicaciones en espera.

El día de la riada, el 112 registró casi 20.000 llamadas y, desde las 16.40 horas, cuando se desbordó el barranco del Poyo, detonante de la tromba, las comunicaciones de desesperación se dispararon. El testigo, con ocho años de experiencia en la gestión de emergencias, inició su jornada del 29 de octubre a las tres de la tarde. Y, dos horas después, cuando comenzó la reunión del Cecopi —el órgano de emergencias que coordinó la crisis de la riada— asistió en directo a la saturación de la centralita. Y a cómo se acumulaban los avisos en rojo, que apuntaban a la magnitud de la inundación.