Cuando a la Península se le apagaron las luces (y los teléfonos), los peninsulares aprendimos cómo una crisis de infraestructuras se convierte en crisis existencial: cuán fácil se puede regresar, de golpe, a una era pretecnológica. Bastan unas horas para temer un retroceso de décadas.

Sin embargo, una especialidad industrial conjura ese riesgo todos los días. La logística avanzada lidia con pandemias, ciberataques, guerras comerciales y de las otras, avalanchas regulatorias y una evolución tecnológica que por un lado le ayuda a superar esas pruebas de estrés, y por otro la presiona para adaptarse, rápido.

No existe sector más transversal. Genera 11 millones de empleos y el 10% del PIB en la Unión Europea. Pero ya no es lo que era, es mucho más. No hay que entenderla con la visión clásica de complemento para cualquier industria, sino como un motor. De ahí uno de sus grandes lemas: las empresas ya no compiten con productos sino con cadenas de suministro.

¿Qué pasaría si colapsa? ¿Por qué su evolución disuade esa posibilidad? Esta es la respuesta de nueve compañías especialistas que participarán en la feria líder del sector en España y referente global: el SIL (Salón Internacional de la Logística, en la ciudad condal del 18 al 20 de junio), organizado por el Consorci de la Zona Franca de Barcelona.