Seguramente responde a un reflejo clasista que la palabra fontanero tenga un sesgo negativo. Cuando se dice, por algunos medios, que Leire Díez, la supuesta periodista que buscaba pruebas contra mandos de la UCO, era una fontanera de La Moncloa, no solo se la quiere situar próxima al poder, sino también relacionarla con actividades turbias. Y, sin embargo, la fontanería no solo es un oficio digno, sino imprescindible para vivir en un entorno salubre. También en política.
José Enrique Serrano Martínez, fallecido este martes en Madrid a los 75 años, fue durante décadas el fontanero mayor de la democracia española, quien cuidaba del buen estado de las cañerías que mantienen hidratado el edificio del Estado de derecho y, cuando quedaban atascadas, se afanaba por repararlas aplicando la laboriosa técnica de la paciencia, el diálogo y el acuerdo.
Nacido en Madrid en 1949, fue profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad Complutense, donde se había licenciado en Derecho y de la que llegaría a ser secretario general. Este bagaje le resultaría muy útil cuando, en 1987, Narcís Serra lo fichó para el Ministerio de Defensa, convirtiéndolo en el primer civil al frente de la Dirección General de Personal, donde sentó las bases de la profesionalización de la carrera militar.






