Fue como una conjunción estelar en el Hemiciclo del Congreso; una suerte de química parlamentaria difícil de replicar, como si la octava fila tuviera su propia gravedad emocional. Allí nació el Tendido 8, justo en ese rincón del Salón de Plenos donde uno cree que nada pasa… y, sin embargo, pasa todo. Nos mirábamos como se miran los que aún no se reconocen: con respeto prudente, con curiosidad silenciosa. Cada quien con su historia, con sus matices ideológicos, con sus cicatrices políticas. Y aun así, algo nos trenzó: José Enrique Serrano, nuestro JES.

Hoy, día en el que cumpliría los 76 años, queremos rendir homenaje a quien supo congregar, bajo su vocación de encuentro, a un pequeño grupo de personas de trayectorias múltiples y diversas, que defendían distintas opciones de liderazgo cuando llegaban nuestras primarias. Para nosotros, JES no fue solo nuestro presidente en el Tendido 8. Fue el reflejo de lo que representa lo mejor del socialismo: el compromiso con el país por encima de los intereses, el respeto en el disenso, la amistad y los valores compartidos como vehículos del consenso.

JES no era el que tomaba la palabra cada día, ni el que ocupaba los focos del Hemiciclo. Era lo que en la jerga británica llamarían un perfecto backbencher: ese parlamentario que desde su escaño discreto observa más que interrumpe, escucha más que pontifica y entiende que el poder real no se mide en minutos de intervención, sino en la calidad del juicio. JES dominaba el arte de influir sin imponerse, de construir sin ruido, de levantar puentes mientras otros cavaban trincheras. Su silencio hablaba con más claridad que muchos discursos. Tenía ese raro talento de ser imprescindible sin reclamar protagonismo.