Sly Stone, músico visionario y pionero del cruce entre el funk y el pop psicodélico y el rock que puso una banda sonora interracial a un Estados Unidos en pleno cambio, murió este lunes a los 82 años. Su hora le llegó “tras una prolongada lucha contra la enfermedad pulmonar crónica y otros problemas de salud subyacentes”, según explicó la familia en un comunicado. “Falleció en paz, rodeado de sus tres hijos, su mejor amigo y su familia”. No trascendió el lugar de su fallecimiento, pero en los últimos años el músico vivía en Los Ángeles.
Su pasaje a la inmortalidad de la música negra se lo ganó durante los siete años en los que su banda, Sly and the Family Stone, encadenó una perdurable serie de álbumes, cuyos pináculos fueron Life (1968), Stand (1969) y There’s a Riot Goin’ On (1971). Este último, con su icónica portada con la bandera estadounidense, marca tanto la cumbre más política de su carrera, como el inicio de su declive.
Tras ese breve fogonazo, Stone se deslizó por los abismos de la adicción a la cocaína y los tranquilizantes. Agobiado por la fama y por la responsabilidad de ser tratado como un visionario, dinamitó su propia carrera. Desapareció poco a poco de la vida pública. Fue detenido por posesión de crack y sus intentos de regresar a los escenarios no trascendieron a los decepcionantes intentos de rentabilizar sus glorias pasadas.










