“Creo que estamos ante la recta final del hábito de ir de compras tal como lo hemos conocido hasta ahora”, escribe Mercedes Cebrián (Madrid, 53 años) en el primer capítulo de Estimada clientela. Una celebración del arte de ir de compras (Siruela), un ensayo que combina historia, experiencias personales y reflexiones sobre los comercios y los rituales que los rodean. Cuenta que en agosto de 2020 tuvo “una epifanía” en una tienda de Benetton del centro de Roma. Allí, frente a la Fontana de Trevi, pensó en cómo la pandemia de la covid había modificado los hábitos de consumo y decidió documentar qué había supuesto el ir de compras para la sociedad. Sostiene que igual que hay un “paisaje sonoro” existe un “paisaje comercial”, y lo hace recordando coplas de Martirio y textos de la premio Nobel Annie Ernaux o el heterónimo de Pessoa Álvaro de Campos.

¿Qué la llevó a reflexionar sobre esto?

Durante el confinamiento pensé mucho en nuestra idea de ciudad, al menos de ciudad europea. Pensé en lo que queremos que haya en la ciudad, lo que echaríamos de menos si no estuviera. De nuestra calle ideal decimos que tiene que tener bibliotecas o centros de arte, pero echaríamos de menos que no hubiera una ferretería o un bar. Si eso desaparece a lo mejor perdemos un estilo de vida. Si ya no se va a comprar físicamente a lo mejor no compensa que haya tiendas, los alquileres son ultracaros para poner una tiendita o una mercería y la profesión de estar atendiendo en un comercio puede extinguirse, ya no hay relevo en los negocios familiares.