En pocos días, Elisenda Alamany (Barcelona, 42 años) cumplirá seis meses como número dos de Esquerra Republicana. Una labor que alterna con ser la jefa de filas del grupo municipal en la capital catalana, donde pone el control al turismo en el foco. En Barcelona y la Generalitat la receta es la misma: una oposición exigente pero que tiene la mano a nuevos acuerdos si se cumplen los que están en la mesa, como el traspaso de Rodalies o la financiación singular.
Pregunta. ¿Cómo ha sido la experiencia de llevar el doble sombrero de partido y ayuntamiento?
Respuesta. Todo responde a la estrategia de acercarnos a los problemas de la gente desde la política de proximidad y tiene mucho valor que la secretaria general sea también regidora de la capital del país.
P. ¿En qué nota un militante de ERC el cambio en la cúpula?
R. Se encuentra con que hablamos mucho más claro y que somos mucho menos permeables las críticas que otros partidos respecto a lo que conseguimos.






