Repsol ha reconducido su trayectoria en Bolsa. Sufrió, como la inmensa mayoría del mercado, con el inicio de la guerra arancelaria de Donald Trump, pero ha vuelto al punto donde se encontraba. En dos meses ha recuperado el 25% y vuelve a estar en positivo en el año, con un alza de casi el 3%. Esta semana tocó los 12 euros, aún por debajo de los más de 13 euros de los máximos del año.
A pesar de esta mejora, el horizonte no está despejado del todo. La propia compañía ha admitido un “escenario ácido” para 2025 y ha suavizado algunos números; en el primer trimestre registró un resultado neto de 366 millones, un 62,2% menos. El consejero delegado, Josu Jon Imaz, ha asegurado que “Repsol mantendrá una sólida posición financiera y su distribución al accionista en el año, pese a una situación macroeconómico incierta y en constante evolución”.
Ignacio Albizuri, director de mercados de Miraltabank, resume la situación de la energética: “Los beneficios han caído ante una bajada del precio del crudo por el aumento de producción por parte de la OPEP y el endurecimiento de aranceles. Tampoco ayudan las tensiones en las regiones productoras. Aunque el gas compensa buena parte, la debilidad de los márgenes de upstream (exploración y producción) ha resultado en una fuerte contracción de resultados en 2024 y el primer trimestre de 2025. Para paliarlo, la compañía ha reforzado su negocio de refinado y distribución, logrando mitigar parcialmente el impacto negativo del crudo”.






