“Miro la vida como si fuera una serie. 2024 ha sido el del desarrollo del personaje y este año es para mí el evento canónico. Música para muñecas (Subterfuge) es un proyecto en el que he intentado pulir al máximo mi sonido”, dice Samantha Hudson (Madrid, 25 años) segundos después de bajar de un taxi armada con un Red Bull Zero y su afiladísima lengua. Recorre España con una gira que comparte nombre y voluntad con su tercer álbum: defender la disidencia. Y bailar, claro.

“Narra las experiencias de una disidente de género persiguiendo sus sueños en la gran ciudad”, reza la nota de prensa del disco. Parece una serie de Los Javis.

Mi vida ha estado revestida de un surrealismo cinematográfico. El álbum cuenta mis experiencias sin una voz narradora. Abordo problemáticas que atraviesan la experiencia de quien persigue sus sueños en una gran ciudad, aunque concretamente, la de una persona disidente de género. Hay una canción que se llama Disforia y otra que se llama Esta ciudad, que habla de todas esas promesas que te hacen al llegar a la gran urbe, que coge todos tus sueños, los pone en un pedestal y luego te empuja, te mastica y te escupe. Hay mucho del síndrome del impostor e incluso un poco de existencialismo en cada uno de los temas. Mi anterior álbum, AOVE Black Label, era la fiesta y Música para muñecas es la resaca.