El Alto, la urbe con mayor proporción de población indígena en América. Epítome de la migración campo-ciudad en la región, según el argentino Martín Caparrós. “Epicentro de revoluciones indígenas en Latinoamérica”, la calificó el estadounidense Sinclair Thomson. “Símbolo de resistencia contra el neoliberalismo”, según el francés Franck Poupeau. Mucho se ha intentado descifrar y fantasear —al punto de inventarle futuros distópicos— sobre esta joven ciudad, de poco más de 30 años, que ya es la segunda más poblada de Bolivia, con una galopante tasa de crecimiento urbano anual del 9%. Sin embargo, ninguna voz propia, sincera, que contara desde adentro las singularidades de esta metrópolis alzada a 4.000 metros sobre el nivel del mar había tenido hasta ahora visibilidad internacional ni alcance popular.

El surgimiento de la escritora aimara de 30 años Maribel Suñagua, autobautizada literariamente como Quya Reyna, viene a romper esa barrera. “El aimara es capitalista, pragmático y vela por sus propios intereses”, desmitifica en conversación con EL PAÍS en Santa Cruz de la Sierra, en el llano boliviano, ciudad adonde se mudó recientemente. Acaba de llegar de Lima, donde hizo reportajes para la Deutsche Welle. Estará solo unas horas porque al día siguiente parte a Madrid, donde participa este jueves en el ciclo de conferencias y talleres Iberoamérica Lee de la Feria del Libro.