Aryna Sabalenka rebosante, el mar que muerde y muerde la costa porque ansía la expansión, crecer, hacerse más y más grande, extender sus aguas y ganarle terreno a la tierra. Así lo hace ella, la número uno y ahora, por fin, finalista de Roland Garros, donde Iga Swiatek cae y marcha de mala manera, con un rosco que cierra su secuencia triunfal y además duele a la polaca, la tetracampeona. Duele mucho: 7-6(1), 4-6 y 6-0, tras 2h 19m. Se queda París sin la última gobernanta, confundida desde que saliera a la luz el positivo del pasado verano, y cobra brillo la candidatura de la reina del circuito. Exultante la de Minsk: “Es la rival más dura, sobre todo aquí. Estoy orgullosa”, señala, sabiendo que está a un solo paso de lo pretendido. Se medirá el sábado (15.00, Movistar+) con Coco Gauff, límite final de la sorprendente Loïs Boisson (6-1 y 6-2, en 1h 09m).
La tenista local, de 22 años e inesperada protagonista de estos días, se despide después de un trazado contra todo pronóstico. Este era su segundo torneo en la élite. No figuraba —en pasado, ahora sí— ni entre las 300 mejores del mundo. Llegó como la 361ª y saldrá como la 65ª. Impactante torneo el suyo. “Es de lo mejor que he visto en tierra”, le dedica Gauff. La norteamericana, segunda en el ranking, ha resistido a la prueba: medirse con una jugadora local en la jaula. “Pero estaba mentalmente preparada. He intentado bloquear todo aquello que no estuviera bajo mi control”, explica. Tendrá, pues, otra oportunidad tras la derrota de hace un año ante Swiatek. Se inclina por fin esta. Se la ha llevado por delante la ley de la más fuerte.















