Así suele funcionar esto cuando ella, Aryna Sabalenka, está sobre la pista. Tensa y tensa la número uno el juego hasta que por fin surte efecto esa presión tan arrolladora y muchas veces irrefrenable, tan aplastante en ocasiones, que esta vez se lleva por delante en el desenlace de Nueva York a la estadounidense Amanda Anisimova: 6-3 y 7-6(3), en 1h 34m. La bielorrusa, pues, añade otro grande a su expediente y ya son cuatro, por lo que alcanza a campeonas del prestigio de Hana Mandlikova, Arantxa Sánchez Vicario, Kim Clijsters y Naomi Osaka. Lo buscaba y ya lo tiene la de Minsk: por fin, después de un año esquivo en los majors, disfruta del trabajo bien culminado.

Se le escapó en enero el premio en Melbourne; también en Roland Garros en junio, batida allí igualmente en la final, presa de los nervios; y en Wimbledon, un mes más tarde, fue precisamente Anisimova la que le cerró el paso en la penúltima ronda. No así esta vez. La norteamericana amaga con la reacción en la segunda manga, del 3-0 al 3-3 y contragolpeando luego, 6-5 a su favor, pero a eso de romper la pelota ninguna le sigue el paso a Sabalenka, más fuerte, con más poso y, dentro de ese contexto de la potencia, con mayor criterio que la otra finalista. Que todas las demás pegadoras. En el broche a palos de esta vez, predomina su derecha.