Una mesa muy larga en un salón antiguo decorado con velas. La comida servida. Personas vistiendo de traje y con una toga especial para los eventos formales. Una recepción, un sermón en latín y a cenar. Siempre siguiendo la tradición de hace más de 800 años de la Universidad de Cambridge en Inglaterra. Así son las tardes de los viernes de Rafael José Fernández-Delgado (Málaga, 23 años) desde que hace casi un año que llegó a estudiar un
data-link-track-dtm="">máster en matemáticas puras a una de las universidades más prestigiosas del mundo. “Tiene su parte surrealista”, dice y agrega: “Es un ambiente muy antiguo, como en Harry Potter, y te hace imaginar que eres una persona importante de la época donde se hicieron todos esos descubrimientos relevantes, como Isaac Newton”.
Para él, el valor de estudiar en Cambridge escapa de las aulas y reside en todo el entorno académico que rodea a la prestigiosa institución, como esas cenas. “Me ha pasado estar en una cena y hablar con una señora y no saber quién era. Luego me dice ‘soy esta’, y resulta ser la mejor antropóloga del mundo o algo parecido, y tú no lo sabes”, cuenta. Además, al alojarse en el campus, se relaciona con los profesores ―que también viven ahí― diariamente: “Puedes tener a premios Nobel en tu mismo edificio. En nuestra facultad hay dos medallas Fields”, cuenta.






