Se consuma el fin de una época en la que Lionel Messi y Cristiano Ronaldo han sido emblemas. La carrera de un futbolista es sólo una etapa en su vida. Probablemente la más fértil y soñada, porque son millones los que quieren vivir del futbol y solo unos cientos lo logran. “Queda poco y se van cerrando etapas y esta es una que me duele mucho”, escribió Messi en su carta de despedida de la selección argentina. “Este es probablemente mi último año y quiero dejar un legado espectacular”, declaró Ronaldo, hace unas semanas, a la revista Vogue. Cómo dar por finalizado el ciclo, es un gran desafío. A mí personalmente, me gusta utilizar la metáfora de los avioncitos. Millones de avioncitos se disponen en la pista de las divisiones inferiores esperando por crecer y lograr volar. Sin embargo, solo unos pocos lo logran. Esos cientos, empiezan a subir y subir hasta que en un momento se dan cuenta que llegaron a su altura crucero: pueden llegan a la estratósfera, tener un muy digno vuelo intercontinental o ser de cabotaje. A esa altura, se sostienen durante un tiempo y luego empiezan a bajar. Algunos antes, algunos después, pero todos indefectiblemente se dan cuenta tarde o temprano que empiezan a bajar. Obviamente, los que llegan bien alto tienen más margen, pero a todos se les presentan dos opciones, seguir planeando y descendiendo o convertirse en kamikaze. La vida del futbolista puede irse lentamente, mientras el jugador va cayendo de categoría, o detonarse con un deadline.

El dato es impresionante: de los últimos 12 mundiales, 10 los jugaron Maradona o Messi. Nuestros genios nos mal acostumbraron. Obviamente son los dos más grandes jugadores que vi…

No sólo porque no estará más Messi, sino que ni siquiera se sabe si seguirá Leonel Scaloni. Se cierra así una marca registrada, una forma de vida, de sentir y jugar al fútbol.