No soy tan ilusa de creer que el llamado cuarto poder, hoy en franca decadencia en cuanto a su verdadera utilidad social, puede enfrentarse en igualdad de condiciones al poder real, el que usa o puede usar los recursos del Estado para aplastar, callar o promocionar agendas, políticas y medios. Tampoco soy tan ingenua para pensar que los medios solo hacen periodismo y no política