La negativa a deflactar el IRPF es el "principal motor oculto de la presión fiscal sobre la renta de los trabajadores". Hasta el punto de que la no actualización de las tarifas del impuesto según la evolución de los precios, que en términos técnicos se conoce como fiscal drag o progresividad en frío, cuesta cerca de 650 euros a los salarios más bajos en España.