La confianza es un activo fundamental de las sociedades modernas: permite asociarse y desarrollar proyectos de vida confiando en instituciones que no controlamos ni comprendemos del todo. La teoría social del siglo XX coincidió en que el desarrollo requiere confianza en sistemas complejos. Luhmann (reducción de complejidad), Giddens (seguridad ontológica) y Fukuyama (condición de la prosperidad) explicaron así el éxito de las sociedades desarrolladas.