Vivimos un momento en el que casi todas las conversaciones sobre el futuro giran en torno a la inteligencia artificial. Y es lógico. Su capacidad para transformar disruptivamente industrias, procesos y modelos de negocio es extraordinaria y con un impacto aún no imaginado en nuestro estado del bienestar. Como ya mencioné en mi intervención durante la última edición de Líderes con Propósito –impulsada por el editor de este diario en el Museo del Prado– el gran tsunami de nuestra sociedad actual no está en la IA, está en los valores, en la ausencia de estos o en su cuestionamiento. Y donde el relato, la post-verdad, está por encima de la verdad.

La transformación ocurre cuando sabemos qué problema queremos resolver y utilizamos las herramientas con criterio para generar valor.

La IA puede cambiarlo todo. La pregunta es quién decide