Especialistas explican cómo los partidos activan circuitos cerebrales vinculados al placer, la identidad colectiva y la pertenencia, transformando la experiencia deportiva en una fuente de alegría y bienestar compartidos

Desde la dopamina hasta la adrenalina, un partido de fútbol pone en marcha complejos mecanismos en el organismo.

La euforia es una emoción hermosa, pero necesita límites. Festejar no requiere humillar a nadie. Alegrarse no implica burlarse del que perdió. En la escuela, esta enseñanza cobra…