Una sana práctica para ordenar el manejo de las finanzas personales consiste en no gastar más allá de lo que los ingresos permanentes que recibimos. Ello no obsta a que eventualmente podamos recurrir a endeudamiento para, por ejemplo, comprarnos una vivienda, pero ello implica tomar en consideración que los intereses y dividendos a que ello dará origen deberán ser posteriormente financiados con cargo a nuestros ingresos permanentes, y así ajustamos el gasto total. Este principio básico al que nos vemos afectados en forma cotidiana aplica también para los países. La única diferencia es que en caso de producirse un desequilibrio, los gobiernos -en general- tienen mayor capacidad para endeudarse y cubrir la diferencia, pero la mayoría de las veces ello da origen a una bola de nieve que con el transcurso de los años se torna insostenible. Esto es lo que está pasando en Chile.