Argentina necesita atraer inversiones y nuestro historial de incumplimientos requiere de un régimen especial. Pero “el paquete de incentivos más generoso de nuestra historia” va mucho más allá. Si un árbol cae en el bosque y nadie lo escucha, ¿cayó de verdad? Y si una inversión no genera empleo ni proveedores locales, no deja impuestos ni vuelca dólares en la economía, ¿es realmente una inversión? Esa es la pregunta incómoda que deja el Super-RIGI, el régimen que el Gobierno envió al Congreso para atraer “nuevas actividades económicas” y, sobre todo, centros de datos que entrenan modelos de inteligencia artificial.