Los comicios del 2026 han significado, una vez más, la extensión de la crisis general que atraviesa el país. La mayoría relativa puso a dos candidatos dañinos en la segunda vuelta electoral: la lideresa de Fuerza Popular, cuya bancada ha legislado para intereses particulares y obstruido las labores policiales y judiciales con las coloquialmente denominadas “leyes procrimen”, y un fraudulento sanborjino que, con su sombrero recién comprado, atrae el voto rural identitario, a la par que pacta con el fascismo etnocacerista y legisla a favor de la minería ilegal.

Más allá de quién resulte finalmente ganador, el principal mensaje que deja esta elección presidencial es que el país está pidiendo a gritos ser escuchado. Los resultados…

En el podcast “Tenemos Que Hablar” de El Comercio, el secretario general de la asociación civil Transparencia, Omar Awapara, descartó un supuesto fraude en la segunda vuelta de…