Dejar de consumir animales –un acto de empatía, coherencia política y preocupación por el futuro– ha sido una lucha solitaria durante muchos años y la violencia que han sufrido las personas veganas está relacionada con los discursos de odio que facilitan el auge de las ideologías fascistas. Es momento de dar a la lucha animal el protagonismo que merece y aprender de su oposición a las dinámicas destructivas que se imponen en el mundo