La alegría de un niño al que el Pontífice levanta en brazos, su inocencia a prueba de cinismo, constituye un grito en favor de la vida que resulta hoy tremendamente provocativo

La curiosidad de un niño de seis años hilvana la alocución del Papa en la parroquia de Sant Agustí

La alegría de un niño al que el Pontífice levanta en brazos, su inocencia a prueba de cinismo, constituye un grito en favor de la vida que resulta hoy tremendamente provocativo