Los hechos se remontan a finales de 2016, cuando el condenado, se dedicaba a reparar todo tipo de equipos informáticos. Sin autorización ni consentimiento, rastreaba el contenido de los dispositivos y, cuando localizaba contenido personal, las transfería a su disco duro.

“La sentencia es ejemplar, pero se ha tardado mucho”, lamenta una de las víctimas tras una década de espera. La Guardia Civil encontró 314 carpetas de clientes a los que grabó sin…

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