En 1920, una asfixiante normativa estatal estuvo a punto de arruinar la industria cuchillera. Tras abrir un debate municipal a propuesta de la minoría socialista, una delegación de políticos, patronos y obreros viajó a Madrid para exigir una rectificación que librara de trabas a la famosa navaja artesanal. Un Real Decreto del Consejo de Ministros de Eduardo Dato equiparó las navajas artesanales con las armas de fuego, paralizando su transporte por ferrocarril