El estribillo de la canción es de sobra conocido por todos. China se ha convertido en el exportador de excepción -también de alto valor añadido- para gran parte del mundo y la tendencia solo puede ir a más en vista de la colosal sobrecapacidad y la incontestable competitividad que luce el gigante asiático. Lo que al principio eran suculentos bienes baratos para economías avanzadas como EEUU o la Unión Europea se ha convertido en una seria amenaza para gran parte de su sector productivo y para el empleo. Washington despertó antes del hipnotizante embrujo y se desató la guerra comercial, ahora en una suerte de tregua. Más a rebufo, Europa se debate entre lo dependiente que se ha hecho de los bienes (intermedios y finales) de Pekín y la necesidad de salvar el tejido productivo que le queda.