La visita del papa no perdona nuestros pecados -aunque algunos políticos quizá lo piensen-, pero realiza un interesante retrato de cómo somos. Y cómo necesitamos ser.

Los vecinos asumen los cortes de tráfico y las restricciones de movilidad como un peaje menor ante una visita que consideran histórica y 'muy bonita' para la ciudad.

La visita del papa no perdona nuestros pecados -aunque algunos políticos quizá lo piensen-, pero realiza un interesante retrato de cómo somos. Y cómo necesitamos ser.