Cabecilla. Luis Alberto Pérez contaba con un infiltrado en Sedapal que le pasaba información sobre viviendas abandonadas por propietarios recién fallecidos que habían dejado de pagar el servicio de agua potable. Pero desconfió de un socio y de un cómplice, a quienes ordenó que los asesinaran, lo que puso en evidencia a su organización criminal.