TRUJILLO, Perú (AP) — En una zona desértica de la provincia peruana de Trujillo, sobre el Pacífico, Gladys Saavedra mira con recelo a los desconocidos que llegan al pequeño mercado donde trabaja junto a un grupo de mujeres que, pese a las pocas ventas, deben pagar 300 dólares mensuales a los extorsi