La incertidumbre ha vuelto a ser el sino de los tiempos y un país que ha recibido como ninguno el golpe de realidad ha sido Alemania. El bastión industrial de Europa y su mayor economía lleva seis años en un estancamiento que bajo la superficie esconde mucho más. El que fuera modelo de éxito hace poco más de una década (exportaciones de alto valor añadido y suministro energético fiable) ha saltado por los aires. En un nuevo mundo marcado por la rivalidad productora de China, el azote comercial de EEUU y los mayores costes energéticos, Alemania sufre una fatiga de los materiales que carcome a sus ciudadanos. Si el país fue un día sinónimo de eficiencia y estabilidad, ahora lo es de falta de certezas y de cierta improvisación.