Quizás no sea tarde para hacer nuestro el embargo de Petrarca, reconocer el olvido agustiniano y ascender las dunas de nuestro propio Monte Ventoso, con la cabeza descubierta y en la voz de la alegría que llamamos silencio
Quizás no sea tarde para hacer nuestro el embargo de Petrarca, reconocer el olvido agustiniano y ascender las dunas de nuestro propio Monte Ventoso, con la cabeza descubierta y en…