El violento terremoto que asoló la milenaria ciudad del Cusco en mayo de 1950 dejó decenas de muertos, cientos de heridos, templos en ruinas y miles de familias sin hogar. Horas después, el pueblo cusqueño volcó su fe ante el Señor de los Temblores en una conmovedora plegaria iluminada por cirios y antorchas.