Las vacaciones no deberían convertirse en una deuda a la vuelta. Parece obvio, pero cada verano muchas familias cometen el mismo error: reservan el viaje mirando solo el precio del hotel y del transporte y, cuando regresan, además de los recuerdos, traen la tarjeta cargada con gastos que no habían presupuestado. En otras palabras, unos días de descanso pueden convertirse en una deuda que acompañe a la familia durante meses, incluso años.