En 2024, Jesús Pelayo y Delia Guardo encontraron en una pared inaccesible de los Picos de Europa una cueva olvidada durante más de 80 años y que conservaba intactos más de 40 objetos de los huidos que se refugiaron allí tras la caída de Santander, uno de los pocos refugios de guerrilleros antifranquistas que se conservan en Cantabria.