Lwas señales de alarma son claras y dentro del Gobierno son varios los que, en estrictísimo off the record, lo reconocen: si la situación económica no mejora, las posibilidades de triunfo en las elecciones presidenciales del año que viene se complicarán para La Libertad Avanza. Para decirlo además con claridad y precisión: si los buenos números de la economía no se traducen en mejoría para los bolsillos de la mayoría de la gente que está sufriendo penuria tras penuria, las urnas quedarán magras de votos a favor del oficialismo. El 1,7 de inflación que dio el Índice de Precios al Consumidor del mes de agosto entusiasmó a Javier Milei y a su ministro de Economía, Luis Caputo. Pero, más allá de eso, la evidencia de las dificultades para llegar a fin de mes que padece una cantidad creciente de personas es incontrastable. Se recuerdan dos cosas al respecto de los guarismos de agosto: la primera es que el presidente había pronosticado para este mes un número que empezaría con cero: la segunda es que, para este tiempo, el ministro, había señalado que para los últimos dieciocho meses de mandato habría un florecimiento de la actividad económica. En ninguno de los dos casos estas afirmaciones se han verificado. Por ello es que dentro del oficialismo comienzan a aparecer voces de alerta como ya se viene consignando en esta columna. Los datos de la caída de la actividad industrial y del consumo junto con la pérdida de puestos de trabajo son incontrastables. Con respecto al consumo, es verdad que se observa un aumento de las cifras de las compras online. Pero, lo que eso marca a su vez, es que los sectores de menores recursos –que son mayoritarios– quedan afuera de este universo. El tema de los morosos, al que desde el gobierno se intenta minimizar usando tono más bien despectivo, grafica esa exclusión de los más necesitados.