La escena fue extraña. Javier Milei apareció en un entorno muy formal y rodeado de sus ministros. En lugar de improvisar un discurso lleno de provocaciones eficaces y complejos mensajes de filosofía económica, como ha hecho en innumerables ocasiones, leyó con cierta torpeza un texto escrito. Tal vez la ocasión mereciera esa excepcionalidad, porque el presidente argentino denunció que se estaba violando la soberanía de su país.
"Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho. No hay discusión al respecto", dijo. "Las islas formaron parte del territorio argentino desde los orígenes de nuestra nación", prosiguió, pero desde 1833 son una mera colonia británica, un "territorio usurpado", y el referéndum de 2013, en el que un 99,8% de los votantes de la isla optaron por mantener su estatus como británicos, "es inválido".
Hay vientos de cambio, afirmó. Europa está en decadencia y Argentina está en auge gracias a su privilegiada alianza con Donald Trump, que dijo que podía repensar la posición neutral de su país, y a que apenas tiene inmigración. Es el momento de recuperar las islas con "firmeza y celeridad". El primer paso consiste en imponer sanciones a las empresas que, con permiso de Reino Unido pero no de Argentina, pretenden iniciar una explotación petrolera en aguas de las islas. Anteayer, Milei canceló un viaje previsto a Reino Unido para dar una conferencia.














