0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEn abril del 2017, Josep Lluís Trapero tomó posesión como mayor de los Mossos en una ceremonia insólita en el Palau de la Generalitat. Hubo overbooking: el president Carles Puigdemont, la presidenta del Parlament Carme Forcadell, el vicepresidente Oriol Junqueras y siete consellers, mandos de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, del ejército… “¡Faltaba el arzobispo!”, recuerdan los presentes, y no fue porque a alguno no se le ocurriera invitarlo. Trapero nunca ha sido un mosso cualquiera. De uniforme, nunca rehuyó los focos; con traje, se han apagado. Las reacciones a su dimisión como director de los Mossos van del “previsible” de sus defensores al brindis con Corpinat de sus detractores.El mayor Trapero vuelve al uniformeXavier Cervera / archivoCentrarse en la relación personal de Trapero y la consellera de Interior es “terreno pantanoso”, como la propia Núria Parlon reconoció al anunciar el relevo en la conselleria, pero en el seno del Govern no hay duda de que la salida del mayor responde a un “problema de ego”. Trapero fue el fichaje estrella de Salvador Illa esta legislatura; aceptó quitarse el uniforme, pero no previó que el tándem con Parlon no era tal. Implicaba una jerarquía política en la que el mayor no estaba en lo más alto y, a menos que la consellera le entregara las llaves del departamento, en un terreno de discrepancia permanente, la renuncia era el único final posible.Trapero quedó atrapado entre la servidumbre política y las competencias limitadas del cargo sobre las operaciones de los Mossos. Para él, ser mosso es más que una profesión. En la solemnidad del Palau al convertirse en mayor confesó al auditorio que vivía su misión “desde la trascendencia”. Condujo a los Mossos a su mayoría de edad operativa, como se demostró tras los atentados de las Ramblas; fue héroe y, después, víctima del independentismo, mientras el personaje iba superando al cargo. “Ya sabían a quién fichaban”, reflexionan ahora fuentes del Govern. Lo que no esperaban era que su salto a la política no incluyera el compromiso por cuatro años y acabara con lo más parecido al “Bueno, pues molt bé, pues adiós” que se viralizó tras los atentados del 17-A.El mayor ha visto cómo la oposición le acusó de “mentir” sobre el dispositivo de la visita de les Reyes a Montserrat y, a su pesar, se disculpó por la infiltración de mossas en una asamblea de docentes. Trapero llegó como una superestrella y se eclipsó en el despacho. ERC tentó al PSC con su voto a los presupuestos a cambio de la caída del mayor. Mientras, Parlon ha sabido engrasar la relación con los detractores de Trapero dentro del PSC y los alcaldes de ERC. “El tiempo nos ha dado la razón de forma clamorosa”, sostienen los republicanos. “Ahora habrá tregua”, añaden, porque la elección del comisario Ferran López como sustituto les complace. Haber estado al frente de los Mossos durante la intervención de la autonomía con el artículo 155 de la Constitución no es un lastre. López “salvó a los Mossos” para que hoy sigan siendo, sostienen excargos de Interior de diferentes partidos.Aferrarse al “no pasa nada” en el Govern no es realista; Orriols hace cara de jefa de la oposiciónAunque la resolución del conflicto enquistado en Interior satisface a (casi) todos, no deja de aumentar el “run run interno de movimientos” en el Govern, algunos alimentados desde su propio interior. La operación salida de las últimas semanas inquieta por el desgaste de la imagen de eficiencia que Illa impone a sus consellers. Los relevos en el sottogoverno son más de los que se enumeran y las causas –“motivos personales”– van del desgaste por la exigencia del president a la impericia en el cargo. Illa prometió excelencia en la gestión y el relato de las crisis sucesivas en Educació o Interior, pasando por Rodalies y hasta las previsiones del Meteocat minan la confianza pública.El Govern está “tranquilo”, sostienen, y se da por hecha la continuidad una legislatura más por la incomparecencia de una alternativa viable. Pero no es consuelo. Una tras otra, las encuestas evidencian que instalarse en el “no pasa nada” no es realista. El PSC está en tendencia descendente, mientras Aliança Catalana crece y no solo a costa de Junts, encomendada al enésimo efecto Puigdemont. Los cordones sanitarios pueden apuntalar otro govern de Illa, pero a Silvia Orriols se le ha puesto cara de jefa de la oposición.Subdirectora de La Vanguardia desde 2014. En la actualidad estoy al frente de la edición digital. He sido jefa de la sección de Política (2006-2014) . En Europa Press (1995-2006) pasé por Sociedad, Tribunales y Política.
“Bueno, pues molt bé, pues adiós”, por Isabel Garcia Pagan
En abril del 2017, Josep Lluís Trapero tomó posesión como mayor de los Mossos en una ceremonia insólita en el Palau de la Generalitat. Hubo overbooking: el president Carles Puigdemont, la presidenta del Parlament Carme Forcadell, el vicepresidente Oriol Junqueras y siete...












