Cambios profundos en el Departamento de Interior de Cataluña. El director general de la policía, Josep Lluís Trapero, ha presentado su dimisión tras dos años en el cargo, al que llegó como apuesta política del propio presidente de la Generalitat, Salvador Illa. El cambio se enmarca en las tensiones que hay dentro de la policía catalana y el propio Departamento de Interior por los cambios en la cúpula policial. Ferran López Navarro será el nuevo director general de la Policía en sustitución de Trapero y Sílvia Catà Culubret será nombrada nueva comisaria jefa de los Mossos. En octubre, se jubila el actual comisario jefe, Miquel Esquius. La designación de su relevo corresponde a la consejera del Interior, Núria Parlon. Pero para que la sustitución se llevara a cabo sin sobresaltos, debía contar con el beneplácito también del director de la policía, Josep Lluis Trapero, cosa que no ha ocurrido. El cambio llevó al máximo la tensión entre la consejera y su mano derecha, en entredicho desde ya hace meses, después de una primavera marcada por las polémicas en Interior.La dimisión de Trapero es la consecuencia final de unos meses complejos en el Departamento de Interior. La relación con la consejera Parlon fue complicándose a medida que avanzaba la legislatura, con criterios distintos en la manera de actuar ante las crisis propias de un área tan peliaguda como la seguridad. Un episodio clave fue la infiltración de dos mossas en una asamblea de profesores. Distintas fuentes confirman que Parlon pidió la dimisión de algún mando operativo, que respondiese por lo ocurrido, pero el director se negó. El Parlament reprobó tanto a la consejera como al director.También complicó la situación un episodio aparentemente menor: una polémica por una actuación de los antidisturbios. La consejera y el director defendieron en una comisión de Interior que un hombre había atacado al policía con una especie de defensa extensible. Finalmente, el juez archivó la causa al no ver indicios de un atentado a la autoridad, y aseguró que se trataba de una caña de pescar. Ese episodio obligó a la consejera a pedir disculpas públicas, en un acto en la sede de Interior, para evitar un juicio. Ahí, explican diversas fuentes, creció la desconfianza y la distancia.Pero las diferencias se daban en distintos ámbitos operativos, desde la seguridad que se prometía a los alcaldes de los municipios, con unos recursos policiales limitados, a la manera de ejecutar algunas órdenes judiciales concretas, como podía ser un desahucio, o de comparecer ante la prensa por un homicidio que acababa de ocurrir.A esa situación, se suma también la dimisión del secretario general de Interior, Tomás Carrión, con quien Trapero mantenía buena sintonía. Algo que no ocurre con su sustituta en el puesto, Joana Ricardo, con quien, según explican diversas fuentes policiales y vinculadas a Interior, Trapero no tenía la mejor de las relaciones. “Es una pinza imposible”, explican fuentes policiales, sobre la posibilidad de que Trapero permaneciese en el puesto. “Es una dimisión convencido”, añaden otras fuentes conocedoras de la situación. Las tensiones políticas en el cuerpo no son nuevas. Desde el procés, cuando los Mossos se vieron en la diana política por su papel durante el referéndum del 1 de octubre, los cambios y el cuestionamiento del cuerpo policial han sido constante. Su entonces máximo jefe, Josep Lluís Trapero, fue juzgado incluso en la Audiencia Nacional. Conocido por su determinación y carácter, Trapero fue una promesa electoral del presidente Illa. Su llegada la cuerpo en esta nueva etapa fue inicialmente recibida con ilusión por buena parte de los mandos, deseosos de un poco de tranquilidad al frente de la policía catalana. Pero en un cuerpo pequeño como el de los Mossos d’Esquadra, donde todavía pesan las familias históricas, con afines y detractores de supuestos grupos, algunas voces críticas han arreciado en esta última etapa de Trapero. Algunos mandos lamentaban que el director bajaba demasiado al terreno operativo, y acababa interesándose por cuestiones que no corresponden a un director de la policía catalana. Asimismo, señalaban la tendencia del mayor a rodearse de un pequeño grupo de personas afines, hermético, con el que trabajaba codo a codo, dejando fuera a una segunda línea de comisarios.El elegido para sustituir a Trapero es el comisario Ferran López, que en la actualidad estaba destinado en Madrid, como enlace de los Mossos con las instituciones del Estado. López fue la persona elegida durante el 155 para comandar la policía catalana. Después de eso, dejó un tiempo el cuerpo y fue responsable de seguridad del Barça. A su regreso, ha ocupado siempre lugares discretos en la jefatura. Conocido por su talante conciliador, diversas fuentes policiales han señalado la sorpresa de que de nuevo sea elegido en un momento complicado de transición.La dimisión de Trapero eclipsa también la elección, por primera vez, de una mujer al frente de los Mossos d’Esquadra. La comisaria Sílvia Catà, hasta ahora responsable de la región policial de Girona, asume el puesto de comisaria jefa. Se trata de una apuesta firme de la consejera Parlon en su intención de feminizar el cuerpo.
Josep Lluís Trapero dimite como director general de la policía de Cataluña
El jefe policial ocupaba el cargo desde hacía dos años y lo abandona entre episodios de tensión por el relevo del comisario jefe de los Mossos










