La pen�ltimaNing�n actor puede ocupar el espacio de Manolo Solo, ning�n m�sico puede coger el testigo de V�ctor Coyote y ning�n ser humano puede replicar la obra de Juan TamarizEl actor Manolo Solo, fallecido el pasado mes de julio.Actualizado Viernes,

septiembre

21:43Como soy as�, escrib� una columna a finales de julio sin recordar que mis columnas se cerraban por vacaciones, as� que guard� el texto en el caj�n del medio y puse una etiqueta con la fecha en la que la podr�a reciclar. Intent� describir el desconcierto provocado por la muerte de Manolo Solo, dejando que la pena me llevase donde le apeteciese.No la puedo reciclar, claro. Los veranos son los nuevos inviernos y �ste ha sido especialmente cruel, llev�ndose a personas cuya existencia d�bamos por garantizada, como si fuese un derecho. La inmortalidad es un deseo mundano y ego�sta, cada d�a m�s abaratado por culpa de los nuevos billonarios y los experimentos que hacen a puerta cerrada para vivir m�s a�os y degradar a�n m�s su imagen p�blica. Sabemos que la muerte es una muestra de lucidez del ADN, que sabe, como cualquier adulto con dos dedos de frente, que el mundo necesita ir renovando el cat�logo de personajes. De no ser as�, nos ir�amos acumulando los de siempre, ocupando m�s calle, y el nivel de ruido y bochorno llevar�a tiempo siendo insostenible. Pero creo que si hici�ramos una reuni�n de vecinos global no tardar�amos en aprobar por unanimidad que ciertas personas vivieran para siempre.Voy a hacer una dura confesi�n. Reconozco a Dolly Parton como una anomal�a en nuestra especie, un ser tan extraordinario a tantas escalas que puede que consiguiera retrasar el apocalipsis unos cuantos meses mientras escrib�a y cantaba miles de canciones. Pues bien, cuando recib� la noticia de su fallecimiento el primer pensamiento que se me cay� al suelo fue de alivio: �Ha ca�do lejos�. El 25 de agosto todav�a estaba recomponi�ndome tras la muerte de Manolo Solo, Victor Coyote y Juan Tamariz. Respectivamente, el artista con el que siempre quise convivir, el artista al que siempre querr� parecerme y el artista al que nunca nadie pretender� alcanzar. Tuve la suerte de conocer a los tres durante una cantidad total de minutos que ahora me parece a la vez un lujo inmerecido y una migaja insuficiente. Les admiraba profundamente, de una manera que me tranquiliza saber que no necesita mucha explicaci�n. Mi sensaci�n es igual que la de todos vosotros. El escenario de nuestras vidas se ha roto por tres sitios nuevos y sabemos, con total seguridad, que no hay reparaci�n posible, que tendremos que acostumbrarnos al desperfecto. Ning�n actor puede ocupar el espacio de Manolo, ning�n m�sico puede coger el testigo de V�ctor y ning�n ser humano puede replicar la obra de Juan. Hasta suena ego�sta que hayan conseguido ser unos seres tan espec�ficos, tan concretos, tan alejados de lo que se espera de una estrella de cine, un cantautor y un mago. Igual la aut�ntica generosidad es irse de este mundo sin dejar un boquete tan a la vista, sin arruinarle la funci�n a nadie. Este es el bosque que atravieso esta noche, intentando orientarme. No me hace falta mirar al cielo. Hay una estrella que vuelve a brillar m�s que las dem�s y ya s� de sobra cu�l es.